Bully Realism Tattoo

Somos muchos los que queremos tanto a nuestros animales que seríamos capaces de tatuarnos su retrato para llevarlos siempre con nosotros. De hecho ese es uno de los orígenes del tatuaje, el hecho de querer inmortalizar un sentimiento, una persona, un momento concreto de nuestras vidas. En este retrato realista de perro Pit Bull en blanco y negro, Franky hace un trabajo más ligero, con menor carga de tinta, pero no por ello menos detallado.

Las arrugas de la frente y el hocico están muy bien representadas, las sombras en torno a los ojos le imprimen cierto realismo a la mirada, que en contraste con el brillo del ojo, consigue dirigir la atención a pesar del pequeño tamaño de los mismos. Es un tatuaje más sutil de lo que Franky nos tiene acostumbrados con las representaciones de texturas tan profusas en otros casos. Pero aquí la proporción es idéntica en todos los aspectos y los volúmenes están muy acertados. A veces menos, es más.

Cuando ves un tatuaje tan bien acabado es difícil tomar consciencia de lo difícil que es configurar volúmenes dentro de una piel, que de una forma y otra ya añade una perspectiva concreta según la zona. El tack con el nombre del perro cierra la composición en este caso. Y Franky, como artista, vuelve a dejar patente que es un profesional todo terreno, capaz de resolver con acierto cualquier tipo de propuesta que le hagan. Eso sí, se nota la ración extra de amor, que pone en todos los tattoos de animales, independientemente del número de patas que tengan.

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