Realismo en blanco y negro. Tatuaje de Franky Lozano Valencia.

Hay perros que a lo largo de su vida se ganan a pulso un tatuaje. Sólo los que compartimos nuestras vidas con ellos, sabemos de lo que son capaces. El amor incondicional que derrochan, la fidelidad para toda la vida… como los tatuajes. Pocas cosas son para siempre a día de hoy, probablemente el amor de tu madre, la lealtad de tu perro y los tatuajes. Hay una conexión sin duda entre los amantes de los perros y los tatuajes. No conozco a ningún tatuador que no ame a los animales, y si lo hay, no quiero conocerlo 😉

La composición en blanco y negro en la que Franky enmarca el tatuaje de este cánido es muy completa. Contrasta la suavidad de la técnica en el sombreado y las luces del rostro, con el fondo negro de piedra para realzar el busto. Un recurso muy utilizado entre tatuadores pero que Franky siempre sabe adaptar de la mejor forma en todos sus tatuajes. En este caso es una piedra con unas grietas. La recreación de la textura es perfecta, al igual que la de la nariz, que casi parece que vaya a gotear. Está húmeda, como en todos los perros sanos. La recreación del pelo también es la idónea. Con mucha menos carga de tinta, consigue recrear las texturas, luces y sombras a una calidad casi fotográfica.

Y como siempre, el “punch” está en la mirada. Las miradas de Franky son la marca de la casa. Siempre llevan algo dentro, como un reflejo. Algo que está fuera del tatuaje e incluso de la fotografía original, pero Franky consigue plasmar siempre. Un sentimiento que siempre se ve reflejado en los ojos de sus personajes tatuados. Una profundidad emocional, algo que no se puede pintar ni tatuar de forma concreta. Algo que sólo surge con la suma de todos los elementos expuestos. ¿Quién sería capaz de abandonar a un perro con esa mirada?

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